La Misión — Capítulo 1: Desmontando a Jaimy
—¡Hola!, buenos días capitán Mes3… Dra. Tamy. ¿Cómo se encuentra Jaimy?
Dra. Tamy: —Mejor teniente Carlos… mejor.
—Me alegro, ¿podría ser más precisa Dra. Tamy?
—Cuando lo teletransportamos a la nave, el ingeniero Jaimy ofrecía un cuadro clínico preocupante, pues, tanto los niveles de dopamina como los niveles de serotonina estaban muy alterados, y le ocasionaban graves problemas en el sistema nervioso central. Como usted ya sabe teniente, tanto la dopamina como la serotonina son dos “neurotransmisores” inhibidores, relacionados con las funciones motrices, las emociones y los sentimientos de placer.
—Comprendo Dra., Jaimy tenía los niveles de dopamina altos y los de serotonina bajos.
—Correcto teniente, y añadiría que las neuronas de los adictos, abocadas a una…
—Disculpe Dra., ha dicho usted “adictos”.
—¡Sí! Jaimy ha estado “expuesto” y ha contraído una adicción, de ahí su estado crítico.
—¿Adicción a qué…?
—Pues, la verdad es que aún no lo sabemos, existen varias hipótesis…
—Perdone que la interrumpa Dra. Tamy, —interviene el capitán Mes3— parece que Jaimy está despertando.
—Hola Jaimy, soy la doctora Tamy, ¿cómo se encuentra?
—Donde estoy… donde estoy…
—Permítame Dra. Tamy.
—Por supuesto capitán Mes3.
—Jaimy, se encuentra usted en la “Nave Nodriza”. No se preocupe, ya ha pasado lo peor.
—¡¡Jaimy!!, ¿por qué me llama Jaimy?
—Pues… porque usted es Jaimy.
—Disculpe capitán Mes3, me temo que se equivoca, cómo no voy a saber quién soy yo. Díselo Jaimy, —dirigiéndose al teniente Carlos.
—Verá… querido amigo, es que la situación actual… tenga usted en cuenta que…
—Perdone que intervenga, —dice la doctora Tamy— mire Jaimy, o como quiera que se llame, ahora eso no es lo más importante, lo prioritario es que se recupere del todo y después ya lo aclararemos.
—¡¡No!!, quiero saber quién soy.
—Está bien —interviene el capitán Mes3—. ¡Llamen a la consejera Troi!
—Me llamaba capitán Mes3.
—Sí, consejera Troi. Necesitamos su ayuda.
—¿Cuál es el problema?
—Verá, tiene que convencer al ingeniero Jaimy de que es Jaimy.
—Yo no soy Jaimy. —Dice Jaimy.
—¡¡Cállese!! Es una orden.
—Sí capitán Mes3.
—A ver… consejera Troi… ¿qué nos aconseja?
La consejera Troi se acerca al capitán Mes3 y en voz baja, le susurra al oído. —¿Es un clon, verdad?
—¡Verdad!
—Presten atención y por favor no me interrumpan hasta que acabe. ¿De acuerdo?
—¡¡De acuerdo!! —Todos contestan.
—“Un día un señor muy bajito —comienza la consejera Troi— entra en una cafetería del barrio norte y dice:
—Quisiera un buen café calentito y con mucha azúcar. Y añade:
—Pero no lo voy a pagar porque no le tengo miedo a nadie.
—Se bebe el café —continúa Troi— y se marcha sin pagar. El dueño no se atreve a decirle nada porque no quiere montar un escándalo. Pero como el señor bajito volvió a hacer lo mismo varias veces, el dueño se dijo:
—Estoy harto… voy a llamar a un matón para que le parta la cara al pequeñajo, si vuelve a hacerlo. Efectivamente el cuarto día, cuando el señor bajito volvió y dijo:
—Quisiera un buen café calentito y con mucha azúcar. —El matón se le acercó y le dijo:
—¿Con que no tiene miedo a nadie?
—¡¡No!! —le dijo el bajito—.
—¡¡Yo tampoco!! —dijo el matón, y el bajito dijo:
—¡¡Que sean dos cafés calentitos y con mucha azúcar!!”
—Jajajajajajajajajaja… —ríen—
—Ve… ¡Usted es Jaimy!
—¿Por qué? —Pregunta Jaimy.
—Porque usted no se ha reído.
—¿¿¿¿¿?????…
—Los clones no están programados para tener sentido de humor. —Le dice el capitán Mes3.
—Bueno, si ya no me necesita más, capitán Mes3, me retiro.
—Sí, muchas gracias consejera Troi… puede retirarse.
—Gracias a usted capitán, siempre es un honor ayudarle.
—Bueno, señores… Dra. Tamy, me alegro de que por fin esta pequeña duda se haya podido aclarar. Si ustedes me lo permiten, yo me retiro al puesto de mando. Bienvenido de nuevo a casa Jaimy.
—Muchas gracias capitán Mes3. ¿Le importaría que se quedara unos minutos el teniente Carlos, señor…?
—No, por favor, seguro que tienen muchas cosas de que hablar.
—Gracias señor.
—Por cierto, antes de que se me olvide, ¡¡Dra. Tamy!!
—Sí capitán.
—Me gustaría pasarme unos minutos por su consulta, para que me aclarase algunas dudas sobre la serotonina.
—¿Le ocurre algo capitán…?
—Sí…, la verdad es que últimamente no duermo muy bien.
—No tendré yo la culpa…
—No lo sé… todo es posible. Pero lo he consultado con el comandante Data y me ha asegurado que es carencia de una proteína que se llama… no recuerdo el nombre…
—Melatonina. —Dice la Dra. Tamy.
—¡Sí, en efecto, melatonina!
—Pues nada… pase a mi consulta capitán, que vamos a ver qué podemos hacer con esa proteína.
—Usted primero, doctora.
—Gracias capitán Mes3.
Pasan unos minutos, y ya solos… Jaimy dice:
—Carlos… qué ganas tenía de hablar con usted.
—Yo también amigo Jaimy, estas dos semanas sin ti han sido eternas.
—Lo siento señor, no sé qué me ha pasado.
—No te preocupes, de eso ya hablaremos con más tranquilidad, más tarde. Por ahora lo más importante es que te recuperes y vuelvas a casa lo antes posible, que sin ti está muy vacía.
—Muchas gracias señor. Pero… ¿le habrán mandado un sustituto para ayudarle, mientras me recuperaba?
—No.
—Pero señor… ¡con el trabajo que tiene su casa!
—En primer lugar… es nuestra casa, y tú eres insustituible. Y segundo… para mí no eres un “clon”, eres un amigo.
—¡Oh!, muchas gracias señor, para mí, si usted me lo permite, también.
—Gracias Jaimy… gracias.
Siguen hablando unos minutos, hasta que se abre la puerta de la consulta de la Dra. Tamy, y sale con el capitán Mes3.
—Muchas gracias doctora Tamy, —dice el capitán— me encuentro mucho mejor, ha sido un placer.
—Para mí también capitán Mes3, buenas noches. Espero que duerma bien.
—Igualmente, doctora… gracias.
—A usted… a usted.
—¡¡Doctora Tamy… doctora Tamy!!, no cierre por favor.
—¿Qué desea teniente Carlos?
—Me preocupa lo que dijo antes con respecto a Jaimy.
—¿A qué se refiere?
—Cuando dijo: “Adicto”.
—Bueno… pues me refería justo a eso, que había contraído una adicción, extraña en un clon.
—¡¡Extraña!!, ¿por qué?
—Porque para adquirirla ha tenido que estar “expuesto”, y usted sabe, como yo teniente, que la Federación lo considera una falta muy grave.
—Sí sí… doctora… lo sé, lo sé…
—Entonces, si lo sabía, ¿cómo ha permitido que estuviera expuesto?
—Pues… la verdad… es que no sé cómo ha podido pasar.
—Le recuerdo que usted es completamente responsable de lo que le pueda pasar a Jaimy.
—Sí sí, estoy al tanto de las normas doctora Tamy, lo que pasa es que…
—¿Me está ocultando algo, teniente Carlos?
—No no… por favor.
—Yo creo que sí.
—Le juro que… doctora. Además, usted dijo antes que no lo tenían claro… que había varias hipótesis.
—Lo dije porque no quería comprometerle delante de todos.
—Entonces… ¿lo sabe?
—Sí, sabemos que ha estado expuesto a Tania.
—Lo siento… lo siento, no imaginaba que pudiera enamorarse.
—Sabe teniente que vamos a tener que informar al “Concejo”.
—No, por favor, al Concejo no… Jaimy quería conocerla… insistía tanto… yo le hablaba tan bien de ella que… ¡no pude negarme!
—Pero usted sabía que la misión era muy importante, y usted le dejó “vulnerable” ante la posibilidad del “amor”.
—Lo arreglaré… no se preocupe doctora, el jueves iré yo y reconduciré la situación.
—Confío en usted.
—Gracias, muchas gracias.
—Mañana a las 10:30 tendremos una reunión de urgencia en el despacho del capitán Mes3, que ya está informado de la situación, y también es partidario de no recurrir al Concejo. La coyuntura política dentro de la Federación así lo aconseja.
—Estamos de acuerdo doctora.
—Venga… a ver si lo arreglamos y conseguimos salir de este lío. Hasta mañana teniente Carlos.
—Hasta mañana doctora Tamy.
Pdta.: Cada vez que escribo muero otro día.
CARLOS
GRACIAS “LAIA” POR LEERME.