Pesadilla
Dedico esta crítica a Moon, mi gran enfermera.
Este sórdido y espeluznante drama familiar transcurre en una tranquila ciudad de los EEUU, en donde vive un solterón recalcitrante con sus dos hermanas, una algo histérica y la otra celosa, enfermiza y posesiva.
La tranquila y aburrida vida del trío es alterada por la llegada de una joven de la que se enamora el solterón George Sanders, magnífico actor utilizado aquí en un registro diametralmente opuesto a su imagen habitual de seductor o de aristócrata. Aquí es un burgués provinciano tímido y dominado por sus hermanas, y sobre todo por la más joven, Geraldine Fitzgerald, que hace todo lo posible para que su hermano no se case, lo que provocará la venganza de este.
El tema es, pues, el de la reacción tiránica entre esas dos mujeres y el hermano solterón, y está basada en una obra teatral.
Robert Siodmak construye con talento esta atmósfera sórdida en una casa burguesa, con sus tres hermanos solteros que han creado entre sí una extraña relación repleta de frustraciones, rencores, obsesiones y deseos reprimidos.
La Fitzgerald está magnífica en sus matices de hermana guapa, solterona y cuyos celos hacia su hermano tienen algo de enfermizo e incestuoso: una mujer capaz de todo para evitar que el hermano haga su propia vida con una intrusa, la atractiva Ella Raines, actriz que a pesar de su belleza no logró salir nunca de los papeles secundarios y se retiró a finales de los años 50.
No se la pierdan. Gracias, Ella Raines, una vez más.
En la primera versión del guion, que tuvo varias, la película terminaba con la ejecución de la hermana en la silla eléctrica y la de él en un hospital psiquiátrico. Pero el célebre Código Hays de censura impuso a la Universal cambiar ese desenlace cáustico y amoral. Pese a la oposición de Siodmak, la versión definitiva transformó ese sórdido drama en una pesadilla de la que se despierta George Sanders al final de la película.
CARLOS