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Operación Cicerón

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Dedicada a mi enfermera Moon, una mujer ideal.

Dura poco más de una hora, está hecha con lo justo y es uno de los casos más sonados de espionaje de la II Guerra Mundial, que en buena parte sigue siendo un misterio, a pesar del libro que el propio interesado escribió para contar la aventura.

Llamaron Cicerón a este discretísimo mayordomo del embajador inglés en Ankara, que pasó información ultraconfidencial a los alemanes durante la guerra. Joseph L. Mankiewicz basó su adaptación al cine más bien en el relato que escribió a su vez el agregado militar americano de la embajada alemana, Franz von Papen.

Operación Cicerón fue el último guion de Michael Wilson llevado al cine, antes de pasar a figurar en las tremendas listas negras del macartismo. Por este trabajo estuvo nominado para el Óscar junto a Mankiewicz, pero de nada les valió: a partir de aquí solo pudo trabajar en “La sal de la tierra” y echar un cable en “El puente sobre el río Kwai” y en “Lawrence de Arabia”.

No es difícil adivinar quién interesó a Mankiewicz en este caso de espionaje, en el que los malos parecen buenos, algo poco usual en un momento como este de exaltación nacional. A Mankiewicz le intrigaba el rumbo y algunos destinos fuera de lo común. La base de su trabajo es la construcción del guion: esos diálogos que reescribió mucho para darles la máxima concisión y eficacia. A partir de ahí puede bordar personajes, escenas, momentos y dar todo un recital de ironía con ayuda del compositor de Hitchcock, Bernard Herrmann.

El británico James Mason, 43 años, enigmático como nunca, lanza aquí su carrera; para el siguiente papel de actor repite con Mankiewicz en “Julio César”, y enseguida vendrá “Ha nacido una estrella”.

Danielle Darrieux encarna a la condesa, que por cierto se sacaron de la manga para dar más gancho a la historia. Esta es una de las dos películas que la actriz francesa hizo en Hollywood, y en este caso en Turquía, donde el equipo estuvo siete semanas de rodaje.

Los cinco dedos del título original inglés fueron cosa de la distribución para simular la avaricia, un sinsentido que sirvió de base a la campaña publicitaria de la película y ponía de muy mal humor al meticuloso director de “Operación Cicerón” en cuanto le tocaban el tema.

No se la pierdan, tiene momentos muy amenos.