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La máscara de Dimitrios

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Negulesco esperaba dirigir El Halcón Maltés, pero la Warner Bros. quiso que fuera John Huston quien debutase como cineasta.

Tres años más tarde Negulesco reúne de nuevo a dos de los protagonistas del Halcón Maltés, el productor y al director de fotografía del mítico film, y rueda “La Máscara de Dimitrios”, un sorprendente film negro cuya acción nos lleva de Estambul a Atenas, Sofía, Bucarest, Ginebra y París. En su momento, la utilización del flashback que en la película se hace para ilustrar fragmentariamente distintos episodios de la vida de Dimitrios, un genio del mal encarnado por Zachary Scott, fue considerada muy renovadora. Hoy lo que más nos fascina es que siendo una obra rodada en estudio y en Hollywood, transmite una extraña verdad sobre el mundo que describe; no es realista, sino real. Podría decirse eso del trabajo de Negulesco.

Sin embargo los dos verdaderos protagonistas son Sydney Greenstreet y Peter Lorre: el primero pasea sus 120 kilos de maldad con elegancia extraordinaria; el segundo inventa continuamente, su personaje hace de la ambigüedad orientación y de la franqueza fuerza. Además hay dos apariciones memorables: la de Victor Francen como elegante espía y la de Faye Emerson como cabaretera drogada.

La película es digna de John Huston y Orson Welles, o, por qué no, de Negulesco. Lo cierto es que si a otra cinta se parece, la primera es la citada al principio y la segunda es “Mister Arkadin”, de la que tiene una estructura casi idéntica y sobre todo una misma manera de caracterizar los distintos personajes.

Negulesco se muestra un virtuoso de la planificación dando a cada uno de los personajes la identidad requerida al encuadre. Los duelos entre Lorre y Greenstreet deberían figurar en todas las escuelas de cine del mundo como ejercicio de realización y de dirección de actores. La verdad es que los dos, tradicionalmente secundarios, coincidieron en un total de hasta ocho películas y ellos siempre supieron ser lo mejor de cada una de ellas, lo que en el caso de la que nos ocupa no es poco decir.

Muy buena, como Carmina.

CARLOS E.