Poema de la película «La noche de la Iguana»
Para Debora.
Con qué calma la rama del olivo observa, como el cielo palidece sin llanto, sin plegaria, sin traicionar su desespero, mientras la noche al árbol oscurece el cenit de su vida, será historia para siempre. Y de allí en más una segunda historia tendrá lugar, una crónica que ha perdido su brillo, un pacto con nieblas doradas y al final, el tallo partido cae al piso y luego, una unión mal diseñada por seres de una clase tan brillante, cuyo verde natural trazará un arco por el amor obsceno y terrenal que los corrompe. Y aún así el fruto maduro y la rama observan el cielo y palidecen sin llanto, sin plegaria, sin traicionar su desespero coraje. ¿Por qué no puedes elegir otra morada? No sólo la de aquel árbol brillante sino en el corazón solicitante.