Carmina y Carlos
Carmina y Carlos salen del cine con caras felices y deciden dar una vuelta caminando por el parque. La noche es perfecta para ello, insinúa Carlos, cogiendo tiernamente la mano de Carmina, mientras simula una tierna mirada.
—Si en algún momento mi compañía no le agrada, sólo tú tendrás la culpa de conocer a una persona que rara vez impone su presencia, pero de la cual es difícil desembarazarse.
—Los hijos de la noche, qué triste música la suya.
—¿Le parece triste?
—Es tan desoladora, como un llanto.
—A mí me parece un sonido maravilloso. Me encanta la noche. Es tan sencilla.
—Tan engañosa.
—¡Tan emocionante!
—No sabe apreciar el alma. Los cálidos rayos del sol. Pero la noche…
—Está hecha para disfrutarla.
—Sí. Sí, así es. Está hecha para disfrutar de la vida y el amor. Míreme.
Se miran a los ojos y entonces él la besa con pasión.
—Debe perdonarme.
—¿Por qué?
—Por inmiscuirme en su vida.
—Vine voluntariamente.
Y ella le besa con pasión.
—Quizá debería irse.
—No, prefiero quedarme.
—Pronto amanecerá.
—No hasta dentro de unas horas.
—¿La veré de nuevo?
—Por favor.
Carlos hace de Conde Drácula. Carmina hace de Duquesa Laura Von Vilches.
CAR & CAR 10/01/2019