Apuesta contra el mañana
Dedicado a Carmina, una mujer especial.
Después de su gran éxito con “Quiero vivir”, que le valió un Óscar de mejor actriz a Susan Hayward en 1958, Robert Wise produce y dirige en 1959 “Apuesta contra el mañana”, adaptación de una novela policiaca de William P. McGivern. El racismo es el tema central de este thriller que el propio actor Harry Belafonte le propuso hacer a Wise; Belafonte había comprado los derechos y tenía ya un esbozo de guion, que fue luego reelaborado. El final del guion original, como el de la novela, predicaba la reconciliación de los dos protagonistas, el negro Harry Belafonte y el blanco Robert Ryan, pero Wise consideró que la historia se iba a parecer demasiado a “Fugitivos”, que Stanley Kramer había hecho un año antes con Tony Curtis y Sidney Poitier. Lo que decidió modificar fue el desenlace: en esta intriga policiaca que relata el muy trillado tema de un atraco a un banco, Robert Wise consigue darle un tono muy original, tanto en su contenido como en sus soluciones de puesta en escena, siempre al servicio del relato, eficaz pero sin grandes alardes.
La película describe minuciosamente el origen y profesionalidad de sus personajes y sus frustraciones personales y sentimentales que les conducen a aceptar la oferta de perpetrar un atraco en un pueblecito cerca de Nueva York. Tanto Robert Ryan en su papel de excombatiente violento y racista, blanco desempleado, como Harry Belafonte haciendo de joven seductor y jugador que tiene una deuda con la mafia, son mostrados por Wise como entrañables perdedores.
Más que gánsteres propiamente dichos son dos hombres empujados a la delincuencia casi a pesar suyo. Magníficas imágenes en B/N con las que Wise describe no solo los prejuicios raciales sino actitudes tan vitales como la violencia, la vejez, la soledad o el amor. Wise se afirma una vez más como un gran cineasta capaz de filmar como nadie los tiempos muertos, como esa secuencia de la espera de los tres hombres poco antes del atraco, en la que logra transmitir al espectador el desasosiego de sus personajes.
Recordemos que esta era la película favorita del director francés Jean-Pierre Melville, maestro del cine negro francés y precursor de la Nouvelle Vague, que se jactaba de haberla visto 120 veces y a la que rindió un claro homenaje en “Hasta el último aliento” en 1966, con una escena como esta que precede al atraco.
Que disfruten con la proyección.